QUIEN SON CATALINA Y SEBASTIÁN?



Mando hacia ti una barquilla 
con una carta de amor. 
trátala bien, sentrañas mias, 
he puesto toa mi ilusión. 

Como no encontraba perlas 
puse estrellas y un coral 
un corazón y una flecha : 
Catalina y Sebastián. 

De noche yo te veo desnuda 
con la piedra de tu piel. 
¡Quién pillara esa cinturita !, 
he pensao alguna vez. 

Cuantas algas deshojé 
al borde del espigón. 
¿Me querrá o no me querrá ?, 
sí, que no, que sí que no. 

Por tu mare, Balneario, 
toma y dale este mensaje: 
"cuando no haya luz del faro 
yo te espero entre el aguaje. " 

virgencita de La Palma, 
anda, échame un capote. 
Que si no tengo a esa niña 
yo me tiro por los bloques. 

Una barca va hacia ti 
y nada la detendrá. 
Si salió al amanecer 
tiene que estar al llegar. 

En el sobre pone en grande 
para Catalina Real Burgaillo. 
No seas tonta y ábrelo 
que para ti en el interior, 
un beso hay, un beso o dos. 
Hay un beso como un Castillo. 

Comentarios

  1. El futuro es un dios sin magisterio.
    Un dios tan vanidoso y presumido
    que da y quita razones sin sentido
    y ejerce sus poderes sin criterio.
    El futuro no tiene corazón
    ni tiene timonel, y no le importa
    si la esperanza se te queda corta,
    agachada en lo oscuro de un rincón.
    Esperas lo que esperas, tan valiente
    que ignoras los sudores de tu frente
    y el dolor primitivo de tus manos.
    Sueñas con la canción de orfebrería
    que encienda el alma de los gaditanos...
    y recibes, en cambio, el agua fría.
    Y tú, que lo esperabas a lo lejos
    conjugando los verbos más complejos,
    ves que la expectativa se vacía
    y ves cómo te insultan los espejos
    riéndose de tí, de tu mañana,
    y ves cómo se cierra la ventana
    de un porvenir que apenas se sostiene.
    El porvenir. Un dios que va y que viene
    hurgando en el costal de sus antojos
    convirtiendo tus sueños en rastrojos
    y el oro de tu esfuerzo en vil chatarra.
    Y ves cómo destroza la guitarra
    con la que quieres adornar el mundo
    y te niega, del modo más rotundo,
    el perfume ancestral de sus arpegios.
    Y ves que se te van los privilegios
    de sentir, de querer, de respirar...
    Y empiezas otra vez, ya desde cero,
    con la gris decepción del marinero
    que ha perdido su mar...

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