SE ME ANTOJA

A nadie le gusta decir adiós. Los adioses son duros, las despedidas nos saben a finales, a algo que se acaba, a ciclos que se cierran. Cuando alguien se va de nuestras vidas, ya sea por trabajo, por estudios, por amor o por qué su ciclo vital ha finalizado, es inevitable que sintamos un cóctel  de sentimientos en nuestro interior: tristeza, pena, nostalgia, melancolía, etc.Existen muchos tipos de despedidas. Existen las despedidas “hasta pronto”, que son aquellas con el factor temporal, que nos permiten tener la seguridad de que en un tiempo volveremos a encontrárnoslas en nuestro camino, ya sea premeditadamente o por casualidad. Después están los adioses de “hasta siempre”, que son los más tristes y que desprenden sensación de vacío y eternidad. Al largo de nuestra vida, tenemos que acostumbrarnos a estos dos tipos de despedida ya que, como en un viaje en tren, en nuestro trayecto habrán pasajeros que se bajarán en una estación y nunca más volverán y otros que se quedarán sentados a nuestro lado hasta la última parada.También podemos hablar de otro tipo de despedidas, y son tipo de despedidas muy dolorosas, que se clavan de manera irremediable en nuestro alma como una noche helada y oscura, que puede sumirnos en sombras y desesperación: hablamos de las despedidas amorosas. Cuándo una relación se acaba debemos saber plantarnos y decir adiós, sin embargo, hacerlo, no es precisamente sencillo ya que encontrar las frases adecuadas, las palabras idóneas, es muy complejo.Normalmente, cuándo nos dejan, solemos pasar por un shock muy grande que nos prohíbe ver la luz al final del túnel, los momentos vividos con esa persona, los planes de futuro, las ilusiones compartidas se borran de nuestras vidas como las estelas de los aviones lo hacen del cielo. Es por ello que mantener la serenidad suficiente y saber que decir en esos momentos duros y de tensión, no es precisamente sencillo. Al fin y al cabo, la vida, no es precisamente un guión de cine que nos deja preparado los diálogos con las frases que debemos decir en los momentos de la despedida, es por ello que muchas veces caemos en el silencio más absoluto, un silencio donde la tristeza y la aflicción son las reinas y señoras.Sin embargo, pasado el tiempo suficiente para que reflexionemos sobre lo sucedido, lo normal es que lleguemos a la conclusión de qué lo más sensato es saber decir adiós. No lo vamos a negar, las despedidas amorosas son dolorosas, pero tenemos que saber cuándo una historia ha llegado a su final y ser consecuentes con ello. De la misma manera que aceptamos su inicio con todas las cosas buenas que este nos aportaba, debemos aceptar su final, y por tanto, debemos saber qué decir cuándo el momento nos lo pide.

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